Aprendizajes ¿CÓMO SE SIENTEN LOS ALUMNOS?




En la escuela se espera que los alumnos aprendan historia, matemática, ciencias na-turales, geografía y la lista sigue. ¿Pero qué espacio queda libre para aprender del mundo de las emociones? Es decir, para comprender mejor quiénes somos, conocer cuáles son nuestras pasiones, descubrir nuestra verdadera identidad y ahondar en todo aquello que, el día de mañana, nos ayude a enfrentar los desafíos que la vida nos presente, de la mejor forma posible.
¿Los sentimientos y el aprendizaje están conectados o corren por carriles diferentes? ¿Cómo afecta el estado emocional de un chico en su desempeño escolar? La sensibilidad de los alumnos y docentes permanece latente den-tro del aula, y es un ingrediente fundamental que contribuye a crear un determinado clima escolar. El clima no se puede percibir con los ojos, pero se respira, se siente y repercute en las habilidades cognitivas de los chicos, por ejemplo, en su capacidad para concentrarse o prestar atención.
"Tradicionalmente la escuela estuvo asociada al mundo de la razón. Había que dejar las emociones afuera. Pero lo cierto es que no quedan afuera y están presentes en toda nuestra escolaridad e impactan en el aprendizaje, ya que tienen efecto en varias áreas del cerebro", asegura Sonia Fox, especialista en Educación de la Universidad de San Andrés y licenciada en Psicología Educacional.
Las emociones son manifestaciones físicas de nuestras reacciones a algo que nos causa atracción o rechazo. Algunas tienen impactos positivos que abren las posibilidades de aprendizaje -como la empatía, la esperan-za y el entusiasmo-, mientras que otras con impacto negativo las cierran e inhiben, entre ellas, la vergüenza, el miedo o el desprecio.
Para Fox, que cuenta con una amplia trayectoria en cargos docentes y directivos en nivel inicial y primario, es clave que los docentes y directivos -más allá de plantearse si los chicos aprenden o no- además se pregunten: ¿cómo se sienten nuestros alumnos en la escuela? "Esto tiene que ver con el clima emocional, que surge a partir del vínculo del docente con los alumnos, del vínculo que existe entre los alumnos entre sí y la energía que se genera a partir de estos dos.
"Las investigaciones así lo confirman. Gloria Latorre, licenciada en Psicopedagogía y espe-cialista en Educación Emocional, cuenta que, según un estudio internacional comparativo realizado por la Unesco en 2000 sobre Lengua-je, Matemática y Factores Asociados, el clima emocional del aula (sin contar las característi-cas particulares de cada chico) es el factor que más incide en el rendimiento de los alumnos. Los estudiantes alcanzan puntajes superiores cuando hay un ambiente positivo en el aula.
No sólo influye más que los otros factores, si-no que incide más que el conjunto de todos los otros. Asimismo se observa un mejor desempeño en aquellos cursos donde las peleas entre los alumnos ocurren muy rara vez y donde los estudiantes son buenos amigos entre sí.
"Hoy desde las neurociencias se sabe que hay un vínculo en el cerebro entre lo emocional y lo racional. En estado de estrés se afectan las funciones ejecutivas que se necesitan para apren-der", profundiza Fox. Es decir se alteran los procesos cognitivos, como la atención, la memoria, la toma de decisión y la conducta social.
Agustina Blanco -magister en Educación y consultora en temas de mejora escolar en Formosa, Chaco y Buenos Aires- dice que esto se observa claramente, por ejemplo, en alumnos que se han preparado para un examen, pero llegado el momento de poner a prueba sus conocimientos no lo pueden demostrar y pre-ocupados los oímos decir: Yo estudié, pero no me acuerdo nada. ¡Estoy bloqueado! Lo mismo nos sucede cuando leemos un libro, pero esta-mos preocupados o angustiados, y al llegar al final del texto nos preguntamos ¿qué leí?
La explicación -afirma Fox- se encuentra en que "toda la información ingresa a través de lo sensorial y se va procesando en el cerebro por medio de diferentes estructuras cerebrales. El cerebro trabaja en red y esto sig-nifica que lo que sucede en un área cerebral afecta a otra".
"Ante una situación de estrés, los cerebros humanos crean mecanismos de protección y cuando estos escudos están activados, toda la energía se encuentra focalizada en la defensa del organismo, quedando poca energía disponible para otras acciones, como el aprendiza-je", sostiene Blanco. Se genera un exceso de la hormona llamada cortisol y disminuye la capacidad del cerebro para prestar atención, recordar información previa o almacenar in-formación nueva y aprender.
Maritchu Seitún, psicóloga especialista en niños y orientación a padres, explica: "Cuando un chico no está tranquilo con lo que pasa en su casa, o no se siente seguro en la clase, o cuando cree no saber lo que la maestra está preguntando, o cuando se siente amenazado de alguna forma, no va a poder aprender ni atender, y mucho menos recordar lo supuestamente aprendido. Esto se debe a que pasa mucho tiempo en estado de alerta, lo cual es muy útil cuando ocurre pocas veces en el día, pero tóxico y desgastante cuando estas situaciones se repiten sin descanso o se perpetúan".
¿Qué situaciones generan estrés en los chicos? Para Maritchu Seitún son muchas y muy variadas y no son las mismas para todos los niños, ya que ellos tienen diferentes umbra-les y tolerancias a situaciones de estrés, ya sea problemas familiares, hambre, falta de sueño, preocupaciones, los gritos de una maestra, el maltrato de un compañero, el caos en la clase, la exigencia académica excesiva para él, entre otras.
"Además lleva mucho rato eliminar del organismo las hormonas que surgen por el estrés, y todo ese tiempo tienen dificultades para concentrarse", añade.Marta Lescano, presidenta de la onG Fe-pais -cuya misión es buscar soluciones a la problemática de la convivencia en el aula-, menciona diferentes causas que pueden pro-vocar vulnerabilidad emocional dentro del aula: el sentirse solo frente a la tarea, cuando lo retan por errores, cuando gritan a su alre-dedor, cuando la clase está desordenada por conductas reiteradas, cuando el docente no maneja tiempos didácticos y el alumno percibe que pierde tiempo, cuando siente que aprende algo que no sabe para qué es, cuando siente que el docente no lo respeta, no lo quiere o es injusto.
Sobre este punto, Blanco sostiene: "Hay gestos, palabras, miradas, preguntas del docente, que afectan a los alumnos. Un alumno que tiene un estima muy baja y que está cons-tantemente pensando: Ojalá que la profesora no me pregunte, no me quiero equivocar, es un chico que se encuentra más a la defensiva que con una apertura para el aprendizaje. En cambio cuando el maestro permite el error dentro del aula se empieza a generar un clima de confianza. Es estratégico un docente que se anime a aceptar: esto no lo sé o cometí un error. Es la mejor forma de enseñar que los chicos también pueden equivocarse. El error es parte del aprendizaje y, muchas veces, la mejor forma de aprender".
En el momento de hablar de estrés, Latorre diferencia entre estímulos externos (por ejemplo, problemas familiares, una mudan-za, etcétera) y estímulos internos (como puede ser un sentimiento de inferioridad, un dolor intenso, entre otros). Para la especialista, el estrés se ve reflejado en síntomas físicos, por ejemplo, tartamudeo, disminución del apetito y otros cambios en los hábitos alimentarios, dolor de cabeza, llanto, incapacidad para relajarse, pesadillas, alteraciones en el sueño.
"Sin embargo -aclara- puede pasar que alguna vez el chico no quiera ir al colegio o le duela la cabeza, pero el adulto tiene que estar alerta para cuando comienza a ver que un síntoma se mantiene prolongado en el tiempo. Frente a estos casos los adultos deben estar atentos para poder intervenir y ayudarlos."Ante situaciones de bullying se inhibe cualquier posibilidad de desarrollo perso-nal y el logro de aprendizajes. "Puede tener consecuencias más graves y desembocar en fracaso y dificultades escolares, niveles altos y continuos de ansiedad, y más específicamente en insatisfacción, fobia a ir al colegio, riesgos físicos. En definitiva es posible que genere una personalidad insegura, poco sana para el desarrollo integral de una persona."
Estrategias de mejora
Antes de rendir un examen, todos tenemos la capacidad de sentarnos horas y horas para tratar de almacenar el máximo de información posible. Lo más probable es que aprobe-mos ese examen e incluso, tal vez, nos saque-mos un 10. Pero luego de unos años, segura-mente no recordemos ni siquiera una quinta parte de aquellos saberes. ¿Qué sucedió?
"No hubo un vínculo directo con los con-tenidos. La clave es lograr que los alumnos se involucren verdaderamente, despertar su in-terés, se detengan a reflexionar sobre el tema o lo relacionen con una experiencia personal o con la realidad; entonces esta información va a quedar en el largo plazo", aclara Blanco.No hace falta más que preguntarle a un adulto, ¿qué recordás de cuando ibas a la es-cuela? "Su respuesta siempre estará relacionada a cuestiones que se vincularon fuerte-mente con sus propias experiencias o con sus propias emociones.
"Muchas veces, los docentes sienten que no tienen el tiempo necesario para detenerse en el mundo emocional de sus alumnos. Blanco aconseja vincular lo personal con el contenido que se está trabajando: "Si a un alumno que tiene la autoestima baja le preguntás qué piensa sobre ese tema, por qué, cómo lo liga a sus experiencias previas, entonces automáticamente eso genera interés y se produce el conocimiento a largo plazo".Esto significa que el alumno no aprende por miedo a un examen donde absorbe información de forma rápida y olvida rápido, sino que aprende por interés, entonces eso queda en la memoria a largo plazo. La idea es encontrar un equilibrio entre momentos de gran desafío (estrés bueno) y momentos de mayor distensión.
Blanco hace hincapié en la confianza que permite la equivocación en el aula. También resalta el trabajo de los chicos en grupo, la comunicación y el uso del humor como herramienta fundamental para un mejor aprendizaje. A su vez afirma que a través de imágenes cerebrales se comprueba cómo emociones con impacto positivo -como el humor y la risa- generan químicos que hacen que ciertas zonas del cerebro se activen y estemos más permeables para aprender.
"Es el adulto el que debe estar con el radar prendido para ver cuáles son los intereses de los chicos, sus talentos, sus velocidades de aprendizaje, cómo hacer para nutrir la relación entre los alumnos. Hoy no podemos tener un aula y considerarla homogénea, cada chico tiene sus ritmos y deben ser atendidos, lo que requiere mucha vocación, planificación, un liderazgo fuerte y mucho trabajo en equipo."El docente debe descubrirse como agente de cambio. Él es el encargado de crear ese clima donde el alumno quiera aprender, se motive y sienta que el educador lo mira con este sentido de posibilidad, transmitiéndole vos podés", dice.
Esa mirada de confianza está ligada al efecto Pigmalión. Según Fox, este efecto se basa en la expectativa de logro que el docente tiene en relación a sus alumnos. "Si yo creo que el otro puede, entonces el otro va a poder y se va a sentir empoderado para lograrlo. Lo mismo pasa entre el directivo y los docentes. Hay es-udios que comprueban que si yo pienso que un alumno puede menos, entonces me vinculo menos, lo miro menos, le pregunto cosas más fáciles. Este es un mensaje inconsciente que va recibiendo el chico y tiene un impacto muy poderoso. Es muy valioso que los docentes tomen conciencia de su responsabilidad en esto", se explaya Fox.
En el estudio internacional comparativo realizado por la Unesco, se demuestra que los alumnos obtienen mayores puntajes cuando los docentes piensan que los logros se deben a la habilidad de los estudiantes. Asimismo se observan mejores desempeños cuando los docentes atribuyen estos resultados a sus mé-todos pedagógicos.
Latorre considera que el acto educativo es una experiencia y no una práctica. "Una práctica implica el vocabulario de los objetivos, la evaluación, la eficacia, la didáctica. Una experiencia significa un encuentro entre personas que se inscribe en una historia emocional.
"Según la experta, el docente es el primero que necesita desde su formación inicial haber descubierto y trabajado su mundo afectivo, ya que su actitud y sus palabras inducirán a sus alumnos a conocer la riqueza del mundo emocional.
"Es en la convivencia cotidiana donde se aprenden y ponen en práctica las competencias emocionales. Esto se hace a través de las influencias directas (relacionadas con objetivos explícitos para alcanzar metas educativas) y también a través de las influencias in-directas (compuestas por todos los mensajes que los maestros transmiten continuamente de manera implícita). Las influencias indirectas están asociadas con la confianza, la valoración, el estímulo, y crean un determinado clima socioemocional", explica.
Latorre destaca la necesidad de desarrollar una educación emocional. El objetivo es el desarrollo de competencias emocionales que les permitan a los alumnos un buen vínculo consigo mismos, con los demás y con el entorno. "Tenemos que aprender a relacionarnos y a ser tolerantes unos con otros. Las personas competentes emocionalmente se convierten en personas más compasivas con los dolores y las limitaciones de los demás.
"Maritchu Seitún coincide en la necesidad de enfocarse en la capacitación emocional, "lo cual implica ocuparse no sólo de la conducta o del rendimiento del niño sino también de lo que está por debajo de esa conducta o de ese mal rendimiento." También resalta la imoprtancia de fomentar la imaginación, promover la cooperación (en lugar de la competencia), trabajar para valorar las diferencias, armar grupos de trabajo que les permitan conocerse con todos los compañeros y lograr que el niño busque las respuestas adentro de él mismo.
A modo de reflexión, Blanco recuerda las palabras de Benjamin Zander, director de orquesta británico-americano, que se planteó: ¿Cómo puedo saber si estoy haciendo bien mi trabajo? Y encontró la respuesta en la mirada de sus músicos: si sus ojos brillaban de pasión y energía, entonces estaba cumpliendo con su misión. Si esto no ocurría se tenía que preguntar ¿qué debo hacer para que sus ojos brillen?La propuesta es que, al final del día, cada educador se haga esta misma pregunta..
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QUE CANTEN LOS NIÑOS

Seguimos despues de muchos años sin escucharlos y son tantos los que estan cantando con su lloro y penas que no escuchamos sus voces....pensemos en ellos cada dia un poco,hagamos pequeños gestos con los que tenemos al lado...todos necesitan un poco de Amor....no los dejemos de querer nunca,son inocentes expuestos ha este Mundo voraz y materialista.